Una clausula de cierre

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Buscando unas citas que nada tienen que ver con estas líneas, releí esta tarde las “Sentencias sobre arte conceptual” de Sol LeWitt, publicadas originalmente en inglés en 1969 y reeditadas hace algunos años en español por la Fundación Proa en un librito-catálogo de 2002 con el título Opiniones sobre arte conceptual.

No hace falta decir que el texto, treinta y cinco sentencias numeradas que no ocupan más de dos páginas, es brillante. LeWitt reflexiona agudamente sobre el arte conceptual, que comenzaba a ser protagonista del mundo del arte en aquellos años, plantándose fuerte en posiciones concretas y polémicas. “Los artistas conceptuales son más místicos que racionalistas –escribe. Llegan a conclusiones inasibles para la lógica”. O más adelante: “Las ideas banales no pueden ser rescatadas gracias a una bella ejecución”. O esta otra: “El artista puede no entender su propio arte. Su percepción no es ni mejor ni peor que la de otros”.

Sol Lewitt, Variations of incomplete open cubes

Sol Lewitt, Variations of incomplete open cubes

Dos años antes, LeWitt había afirmado en un artículo para la revista Artforum: “Recientemente se ha escrito mucho sobre el arte minimal, pero todavía no he encontrado a nadie que admita hacer ese tipo de cosas. Existen otras formas de arte llamadas arte de estructuras primarias, reductivo, reyectivo, cool, mini. Ningún artista que conozco adscribe tampoco a alguna de estas. Por lo tanto, concluyo que son parte de un lenguaje secreto que los críticos de arte usan cuando se comunican entre sí a través del médium de las revistas de arte”.

Pero quizás, lo que más me impresionó hoy de esta serie de textos es la última de las “Sentencias”: “Estas sentencias versan sobre arte, pero no son arte”. Su importancia se ha agravado a la luz del discurrir que ha tenido el mundo del arte en los últimos treinta años: los críticos quieren ser artistas, los artistas quieren ser críticos y todos quieren ser curadores, la palabra mágica capaz de transformar cualquier capricho personal en un hecho cultural destacable. Todo termina así más o menos en la nada.

Desafortunadamente, no todos somos Apollinaire u Octavio Paz, críticos y poetas infalibles. Pero que, cuando escribían crítica, escribían crítica y cuando escribían poesía, escribían poesía. Quizás sería productivo entonces incorporar el sentido de la “clausula de cierre” de LeWitt al discurso actual sobre el arte. Debajo de cada texto que escribamos, agregar mentalmente y siempre recordar: “estas sentencias versan sobre arte, pero no son arte”.