Tres momentos del arte contemporáneo

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1917: Marcel Duchamp, radicado en los Estados Unidos, presenta en la exposición de la Sociedad de Artistas Independientes de Nueva York, un mingitorio firmado y colocado a 90 grados de su posición original al que denomina Fuente. Las autoridades se niegan a mostrar el objeto por “inconveniente” y porque no puede “ser considerado una obra de arte”. El gesto de Duchamp, consecuencia de una experimentación con objetos del mundo cotidiano que el artista venía desarrollando desde 1913, rompe con una tradición milenaria de arte pictórico e inaugura una nueva concepción del fenómeno artístico. En palabras de Octavio Paz, en su clásico libro Apariencia desnuda, constituye “una obra que es la negación misma de la moderna noción de obra.”

1968: en la Argentina, en el marco de la exhibición Experiencias ’68 organizada por el Instituto Di Tella, Oscar Bony contrata a un trabajador asalariado y a su familia para que se sienten en un estrado durante los horarios de apertura de la sala y el público los observe (y ellos oberven al público). Llama a su “obra” La familia obrera y le coloca el siguiente epígrafe: “Luis Ricardo Rodríguez, matricero de profesión, percibe el doble de lo que gana en su oficio, por permanecer en exhibición con su mujer y su hijo durante la muestra”. La exhibición en su conjunto es clausurada por la policía, que interviene el lugar. El desafío ético de la obra genera rechazos por derecha y por izquierda, categorías todavía sensibles en aquel momento, y un tiempo después Bony abandona la actividad artística por varios años.

2009: el artista británico Jasper Joffe, al borde de cumplir 34 años y, según informa la gacetilla de prensa, recién separado de su novia, decide organizar la muestra La venta de una vida, en la que planea vender al público todas sus posesiones (televisores, ositos de peluche, libros, fotos personales, etc., etc.). Las autoridades de la galería Idea Generation promocionan la exposición e informan que se trata de “un proceso catártico de separación del pasado”. Un poco menos ambicioso, Joffe sostiene: “creo que poner todo lo que poseo en una muestra me permitirá averiguar dónde estoy en mi vida”. Quizás, efectivamente sea una buena terapia desde el punto de vista personal, difícil decirlo, habría que consultar a algún especialista. Ahora, por favor, no hablen de esta sandez como si fuera algo revolucionario.