Mark Fisher
Los fantasmas de mi vida

Blog

Esta semana salió el libro de Mark Fisher Los fantasmas de mi vida, editado por Caja Negra, que tuve el gusto de traducir durante el año pasado. Fisher escribe sobre sus propios fantasmas pero también sobre los de la sociedad occidental contemporánea, produciendo una serie de notas bastante geniales sobre música (Tricky, David Sylvian, Joy Division, Burial), cine (eXistenZ, Inception, El resplandor) y teoría (Derrida, Fredric Jameson, Wendy Brown). Su interpretación del resquebrajamiento de la noción de tiempo a partir del análisis de ciertos desfasajes que encuentra en los productos culturales posmodernos es particularmente brillante. La selección de textos que propuso la editorial es excelente y realmente fue un gran desafío traducir el libro, que tras la trágica muerte de Fisher ciertamente se ha convertido él mismo en un objeto espectral que señala futuros perdidos y posibles. Aquí, los primeros párrafos que abren el libro:

Laura Oldfield Ford. Savage Messiah.

Laura Oldfield Ford. Savage Messiah.

“No hay tiempo aquí, ya no más”.

La imagen final de la serie televisiva británica Sapphire and Steel parece diseñada para perseguir a la mente adolescente. Los dos personajes principales, interpretados por Joanna Lumley y David McCallum, se encuentran en lo que parece ser un café de ruta de la década de 1940. En la radio suena una imitación de una suave big band de jazz, al estilo de Glenn Miller. Otra pareja, un hombre y una mujer vestidos con ropa de los cuarenta, está sentada en una mesa contigua. La mujer se levanta y dice: “Esta es la trampa. Esto no es ningún lugar, y es para siempre”. A continuación, ella y su compañero desaparecen, dejando primero unos trazos espectrales y luego la nada. Sapphire y Steel entran en pánico. Revuelven los pocos objetos que hay en el café, buscando algo que les sirva para escapar. No encuentran nada, y cuando corren las cortinas, más allá de la ventana solo hay un gran vacío negro estrellado. El café, parece, es algún tipo de cápsula flotando en el espacio profundo.

Al ver hoy esta extraordinaria secuencia final, la yuxtaposición del café con el cosmos probablemente haga pensar en una combinación de Edward Hopper y René Magritte. Pero yo todavía no conocía ninguna de esas dos referencias en aquel momento; de hecho, cuando más tarde descubrí a Hopper y Magritte, sin dudarlo pensé en Sapphire y Steel. Era agosto de 1982 y yo recién había cumplido quince años. Pasarían otros veinte antes de que volviera a ver una vez más esas imágenes. En ese momento, gracias al VHS, el DVD y YouTube, parecía que prácticamente todo estaba disponible para ser visto nuevamente. Bajo las condiciones de la memoria digital, la pérdida misma se ha perdido.