La humanidad llegó al 2010

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Bueno, en realidad, poco importa la arbitrariedad del número dada la multiplicidad de calendarios que las diferentes culturas han sabido establecer a lo largo de su historia, pero sí, hoy podemos cuanto menos afirmar taxativamente que la humanidad ha llegado hasta aquí, sea lo que fuere lo que “aquí” signifique.

En realidad, si bien son el disparador de los múltiples balances que inundan las insoportablemente calurosas calles de Buenos Aires, los míseros dos mil diez años de historia cristiano-occidental son el dato menos relevante del caso. Seguramente, los cuatro mil setecientos y algo del calendario chino son bastante más impresionantes. Como también sin dudas lo son los más de diez mil años de antigüedad de los asentamientos en los que en primer lugar se desarrolló la agricultura y la “revolución neolítica”. Sin embargo, todas ellas son cifras menores. Y aquí reside un tema que no es menor.

La humanidad, tal como lo conocemos, ocupa hasta el momento un tramo extremadamente corto en la historia biológica. Sirva como ejemplo la mención de que sólo 14.000 años nos llevó pasar de lo bisones de las cuevas de Altamira hasta las sociedades actuales. Al contrario, hacia delante, el homo sapiens dispone de un número potencialmente infinito de siglos para transformarse, para desarrollarse, en definitiva, para evolucionar, si le sacamos a la palabra “evolucionar” todas sus implicancias positivas. De no mediar un cataclismo ecológico, una guerra atómica mundial, la caída de algún meteorito de proporciones planetarias, o cualquier otro fenómeno de destrucción masiva que todavía no consigamos imaginar, la historia del género humano recién está comenzando.

Nos gusta adivinar los posibles destinos para nuestra especie: además de los favoritos del público, las catástrofes de todo tipo mencionadas anteriormente, podemos entrever otros. La clonación de seres humanos que, imagino, volvería bastante obsoleto el favoritismo argentino por el psicoanálisis -o lo exacerbaría. La fusión de los avances en cibercomputación con la biología molecular, que podrían permitir la creación de superhombres. El imperio de las máquinas al servicio de la humanidad, o de la humanidad al servicio de las máquinas, elija la opción que más le guste. El descubrimiento de formas de vida en otros planetas, con la consiguiente posibilidad de establecer colonias en varios sistemas solares. El estiramiento de la vida hasta límites que harían tambalear la noción misma de humanidad. Podríamos seguir con una larga lista, sin embargo, esas conjeturas no avanzan más allá de unos cientos de años y no dejan de ser una mínima, realmente mínima e insignificante, muestra de lo que ocurrirá en cien mil, en quinientos mil, en un millón de años. Seguramente entonces ya no tendrá demasiado sentido hablar de humanidad, en el sentido en el que nosotros hablamos de ella.

Nos gusta pensar que los blogs y los iPods y la internet realmente han modificado completamente nuestras vidas. En definitiva, nadie puede pensar por fuera de los marcos conceptuales y biológicos de su época y, a decir verdad, estos dispositivos y plataforma sí han transformado nuestras vidas privadas. Pero quizás apenas en unas decenas de miles de años lo que llamamos cultura no sea visto más que como un ínfimo y desvaído capítulo de una historia eminentemente más compleja.