Hito Steyerl: Arte Duty Free

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Nueva entrega de la colección Futuros próximos, de Caja Negra Editora: Arte Duty Free, de la artista y ensayista alemana Hito Steyerl, cuya traducción tuve el gran gusto de realizar.

Dice la contratapa del libro:

“Un extenso linaje crítico nos advierte que una imagen es siempre el resultado de una manipulación, y que por eso no puede nunca ser inocente. La crítica del espectáculo de Debord, las meditaciones de Didi-Huberman sobre cómo nos afectan las imágenes que observamos, y las investigaciones de Farocki sobre las cámaras de uso militar nos recuerdan que el ojo es un campo de batalla, y que el destino de nuestra autonomía se cifra en la capacidad que tengamos para penetrar el sentido de las continuas radiaciones visuales a las que estamos sometidos.

En este conjunto de textos, la videoartista y ensayista Hito Steyerl actualiza estas reflexiones en un contexto en el que la infraestructura de la Web y la telefonía móvil multiplicaron la ubicuidad de las pantallas, y la proliferación de imágenes pareciera haber transformado nuestra vida cotidiana en un efecto de postproducción, un modelado 3D o una composición de After Effects. A lo largo de estos artículos, los bots y trolls que actúan en redes sociales, los renders de video que proyectan la futura valorización inmobiliaria de ciudades bombardeadas, las cámaras GoPro de los soldados yihadistas y un variado arsenal de herramientas digitales son algunos de los índices de una guerra civil disputada a través de imágenes.

Con una lucidez alimentada de paranoia, Steyerl intenta dilucidar los complejos mecanismos a través de los cuales la pulsión destructiva del capital se inscribe en la superficie de las imágenes y le da forma a una nueva institucionalidad artística. Si los museos cosmopolitas y las bienales en países emergentes encarnaban los sueños del capitalismo globalizado, los espacios artísticos convertidos en centros de refugiados y los bunkers offshore que alojan obras de arte como reserva de valor financiero a espaldas del público acaso sean figuras institucionales más adecuadas para un tiempo en el que las promesas liberales se fracturaron arrojándonos a un oscuro escenario de conflictividad global”.

Por mi parte, rescato este gran fragmento sobre el spam:

“Antes de que la palabra spam se volviera una palabra que se transformó en un objeto, ya era un objeto. Y ese objeto es el artículo celebrado inicialmente en el número de Monty Python: la famosa marca de carne enlatada producida por Hormel Foods Corporation. Sus componentes son extremadamente sospechosos; su esencia es artificial. El spam era, y todavía es, un alimento básico para las clases bajas y el ejército. Presenta una extraña mezcla de lo natural y lo sintético. Es orgánico pero profundamente inauténtico, un producto industrial que incluye algunos remanentes naturales. La carne ha sido triturada con tanto rigor que posiblemente haya saltado hacia otro tipo de existencia: una sustancia profundamente artificial y sospechosa que sin embargo es lo suficientemente nutritiva como para posibilitar las invasiones militares y la simple subsistencia.  

Pero precisamente es su naturaleza compuesta la que hace que spam sea un término interesante a considerar en la teoría política, especialmente en el marco de la discusión de la biopolítica. Para Toni Negri y Michael Hardt, la carne viva es la metáfora de un cuerpo no inhibido por restricciones sociales ni de ningún otro tipo. Los autores describen eufóricamente a la carne viva como “pura potencialidad” orientada hacia la “plenitud”, habitada por ángeles y demonios, así como también irritada por un nuevo contrapoder barbárico. En este sentido es vista como una encarnación de la vitalidad, adicionalmente imbuida de un discurso religioso, e incluso mesiánico, sobre la redención y la liberación. Es un repositorio post-nietzscheano de pura positividad.

En contraste con esta heroica descripción de la carne viva, el spam es solamente carne híbrida y carece de todos los pomposos atributos de aquella. Es modesta y barata, hecha de pedazos y piezas, que de algún modo son reciclados pero que permanecen firmemente inanimados. Es carne como mercancía, y una realmente muy económica. Pero esto tampoco significa que debería ser subestimada. Porque el spam señala el aspecto de mercancías híbridas de las formas de la existencia, que atraviesan tanto a los humanos como a las máquinas, a los sujetos y a los objetos. Refiere a las vidas objetivizadas y a los objetos biológicos. Como tal podría hablar mucho mejor de las condiciones actuales de la existencia contemporánea que los términos puramente biológicos.

El spam ha atravesado la picadora de carne de la producción industrial. Esta es la razón por la que su fabricación resuena con la generación igualmente industrial (o post-industrial) de poblaciones en todo el mundo, que padecen la picadora de la acumulación primordial repetitiva. Varios ciclos de esclavitud debida a las deudas, los subsecuentes éxodos, las selecciones para formar parte del trabajo industrial y las repetidas expulsiones de su ámbito fuerzan a las personas a regresar a la agricultura de subsistencia, solo para luego re-emerger de los pequeños campos como trabajadores post-fordistas de servicios. Al igual que su contraparte de spam electrónico, estas multitudes forman la vasta mayoría de su tipo, pero son consideradas superfluas, irritantes y redundantes. También se asume que ellas se replican sin control. Estas poblaciones son spam, no carne viva; están hechas de un material que ha sido molido durante generaciones por los infinitos ataques del capital, re-empacado siempre en formas nuevas, cada vez más híbridas y objetuales.

El spam electrónico resalta la dimensión especulativa de esos cuerpos. Es bastante obvio que la mayoría de los productos promocionados a través del spam electrónico prometen mejorar la apariencia física, el desempeño y/o la salud. El correo spam es un formato que intenta actuar sobre los cuerpos: saca partido de modelos de personas uniformemente drogadas, mejoradas, super-flacas, super-activas y super-cachondas; personas que portan réplicas de relojes para poder llegar siempre a tiempo a sus trabajos de servicios. Más del 65% del spam electrónico intenta vender antidepresivos y Viagra, o más bien píldoras engañosas que presumen de provocar los mismos efectos; ofrece fantasías de cuerpos perfectamente explotables, herramientas de producción codiciadas por las masas superfluas. Ambas formas de spam son postcarnales: lidian con la producción de lo aumentado, lo alterado, lo artificial, lo procesado; son formas a la vez mejoradas y degradadas de la carne viva”.