Dos miradas sobre la crisis

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La primera, un artículo del crítico Holland Cotter publicado en el New York Times con el título Se terminó el boom ¡Larga vida al arte!. El texto es bien interesante y defiende una tesis central: la crisis financiera, lejos de ser negativa, va a permitir que el arte se libere del carácter puramente mercantil que ha adquirido en los últimos años.

El planteo de Cotter es directo: el boom financiero en el mundo del arte está terminado. Con él culmina un modelo de inspiración corporativa que transformó al arte en un mecanismo basado en la industria del marketing. Demasiado optimista para mi gusto. De todos modos, las observaciones que realiza en su desarrollo sobre la situación norteamericana son realmente acertadas.

“Cada año –dice Cotter– las escuelas de arte de todo el país escupen cientos de graduados preparados para el éxito, cuyo trabajo es proveer de productos deseables a las galerías y a las casas de subastas. Ellos son respaldados por cuadros especialistas en relaciones públicas –también conocidos como críticos, curadores, editores, publicistas y teóricos de carrera– quienes proveen las actualizaciones oportunas acerca de qué significa ser deseable”.

“Muchos de estos especialistas –continúa– están, directa o indirectamente, en la planilla de sueldos de la industria, que es controlada por otra serie de personas: dealers, brokers, asesores, financistas, abogados y organizadores de eventos –cruciales en la era de las ferias de arte–, que representan a las divisiones de ventas y marketing de la industria”.

Según Cotter, este período está llegando a su fin.

Por otra parte, Alexandra Peers escribe en New York Magazine un ensayo de respuesta a este artículo titulado Arte povera. Por qué la recesión no es buena para el arte. Si el texto de Cotter es más o menos previsible por las cosas que dice, este, al contrario, sorprende inmediatamente por lo pacato de su propuesta. El argumento también es simple: “No mucha gente argumentaría que menos trabajos para bailarines equivalen a una gran ayuda para el ballet o que la reducción de mercados es buena para la literatura o que la bancarrota de periódicos es buena para el periodismo”. Peers se aferra de esta obviedad para realizar una encarnizada defensa del arte diseñado para el mercado.

Para el final del artículo, no se puede sino estar del lado de Cotter.