Walter Benjamin, Baudelaire
y La obra de los pasajes


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Durante la segunda mitad de la década del treinta, Walter Benjamin se encontraba exiliado en París, donde llevó adelante un exhaustivo trabajo de investigación sobre la problemática filosófica y social plasmada en ese centro urbano bajo el Segundo Imperio (1852-1870). Su análisis partía del diagnóstico de que “el capitalismo fue un fenómeno natural por el cual un encantamiento nuevo, lleno de sueños, se abatió sobre Europa, acompañado de una reactivación de las fuerzas míticas”. Según Benjamin, ese es el sueño colectivo que aún vivía el mundo occidental a comienzos del siglo veinte y que era necesario diseccionar filosóficamente: el método para descifrarlo y de este modo romper su hechizo consistía en valorar la totalidad social a partir de sus fragmentos, de sus hechos minúsculos, de los mismos productos de la sociedad, lo que conduciría a percibir los monumentos de la burguesía triunfante como ruinas. Desde esta perspectiva, Benjamin concibió la realización de La obra de los pasajes. Metodológicamente, su objetivo fundamental era -tal como lo describe en el convoluto dedicado a la teoría del conocimiento- “aplicar a la historia el principio del montaje”, para de esta manera “descubrir en el análisis del pequeño momento singular el cristal del evento total”.

En paralelo a este trabajo, Benjamin, bajo encargo del Instituto de Investigaciones Sociales de Frankfurt, proyectaba realizar un libro sobre Charles Baudelaire, por quien ya se había interesado desde la década del diez cuando comenzó a traducir al alemán los Tableaux parisiens (Cuadros parisinos), publicados en una edición bilingüe por Richard Weißbach en 1923. Si bien su intención inicial era que el trabajo funcionara como un capítulo de La obra de los pasajes, la investigación sobre Baudelaire tomó una dirección hasta cierto punto autónoma y Benjamin planeo plasmarla en un libro separado. Conservamos su propio testimonio acerca de cual debería ser la estructura de esta obra en cartas dirigidas a Max Horkheimer el 16 de abril y el 28 de septiembre de 1938: la primera parte, “idea e imagen”, plantearía el problema en términos de teoría estética y mostraría “la significación determinante de la alegoría en Las flores del mal”. La segunda, “antiguo y moderno”, dedicada el amalgamiento de modernidad y antigüedad, cumpliendo un rol antitético, negaría la primera sección para analizar la producción poética desde el punto de vista de la crítica social. Finalmente, la tercera sección, “lo nuevo y el retorno de lo mismo”, trataría sobre “la mercancía en tanto cumplimiento de la visión alegórica baudelairiana”, es decir, sobre “la mercancía como objeto poético”, absorbiendo la poesía misma en su contexto social de producción, el capitalismo industrial del siglo XIX.

La segunda sección del libro proyectado, que sería en definitiva la única en tomar una forma acabada, fue redactada por Benjamin en 1938 con el título Das Paris des Second Empire bei Baudelaire (El París del Segundo Imperio en Baudelaire). Inmediatamente después de tomar conocimiento del escrito, en una carta del 10 de noviembre del mismo año, Theodor W. Adorno, con quien Benjamin mantenía una fluida relación epistolar en esa época, criticó duramente el trabajo que, por “referir especialmente a contenidos de orden económico”, por presentar la fantasmagoría “como fisonomía de caracteres sociales” y no “como categoría objetiva filosófico-histórica”, carecía de una reflexión dialéctica mediada por el proceso social concebido globalmente. Benjamin asumió las críticas al trabajo, no sin defenderlo en una carta de los primeros días del mes de diciembre, y comenzó a trabajar en una nueva versión retitulada Über einige Motive bei Baudelaire (Sobre algunos temas en Baudelaire), que incorpora las obsevaciones de Adorno y corrije algunos aspectos del trabajo original, buscando alejarse de las "indicaciones pragmáticas" para volcarse más decisivamente hacia una "costrucción teorica". En definitiva, de todo el gran proyecto sobre Baudelaire, sólo esta parte alcanzaría a ser editada en la revista del Instituto en enero de 1940 -el último número publicado en Europa- bajo la forma de un artículo separado.

La obra de los pasajes se articula alrededor de la idea de que los pasajes parisinos, uno de los primeros ejemplos de la arquitectura en hierro del siglo XIX, constituyen un hito fundamental en el campo constructivo de la cultura de su época y que forman parte de un grupo de fenómenos urbanos -los panoramas, las exposiciones universales, la aparición del ferrocarril, el afianzamiento de la fotografía como técnica artística, el alcance masivo de los escritores a través del folletín, las grandes reformas edilicias del prefecto Haussmann- que modificaron para siempre el concepto total de experiencia del hombre moderno. La obra de Baudelaire es el reflejo más íntimo de la vivencia fragmentada del sujeto que habita en ese entorno urbano. El poeta es el cronista de una época que se pierde en un mundo de mercancías y en la multitud que lo habita y a ellos les canta desde su interioridad lírica, haciendo visible el celebratorio drama de una subjetividad expuesta por primera vez a una cantidad de estímulos sociales hasta entonces desconocidos.