Smiljan Radic
y el pabellón para la Serpentine Gallery

La Serpentine Gallery es un espacio de arte contemporáneo ubicado en los jardines de Kensington, dentro del Hyde Park londinense. Cada año, desde 2000, las autoridades de la galería han comisionado a una persona diferente la construcción de un pabellón temporario de verano. El edificio debe ser emplazado en los espacios verdes que rodean al predio permanente, por lo que su concreción supone siempre el desafío de establecer un diálogo productivo entre la nueva construcción y la naturaleza circundante.

Este año, el elegido es el chileno Smiljan Radic, figura de larga trayectoria en su país que se une así a una familia de grandes arquitectos y artistas, verdadera realeza de la escena contemporánea, que han recibido el encargo en el pasado: Sou Fujimoto, Herzog & de Meuron, Ai Weiwei, Peter Zumthor, Jean Nouvel, Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa (SANAA), Frank Gehry, Olafur Eliasson, Rem Koolhaas, Álvaro Siza, MVRDV, Oscar Niemeyer, Toyo Ito, Daniel Libeskind y Zaha Hadid, entre otros.

Radic, sin embargo, no menciona estos nombres sino que prefiere dialogar con una tradición centenaria, explícitamente decadente, que los antecede. “El Pabellón” –dice– “es parte de una historia de pequeñas construcciones románticas ubicadas en parques o grandes jardines, las así llamadas follies, que fueron muy populares entre fines del siglo XVI y comienzos del siglo XIX”.

Smiljan Radic Serpentine Pavillion

Su proyecto ocupa un espacio de unos 350 metros cuadrados sobre el espacio exterior de la Serpentine Gallery. El edificio es una estructura cilíndrica, semi-traslúcida; un cascarón apoyado sobre un conjunto de grandes piedras. Es un desarrollo de dos proyectos anteriores: el Castillo del gigante egoísta, inspirado en el cuento de Oscar Wilde, y el restaurant Mestizo, que también utiliza grandes rocas como apoyos, en ese caso, para techos y muros.

Arquitectura sin arquitectos

“Quiero traer de regreso una sensación de espacio primitivo. Me gustan las estructuras frágiles que no tienen nada que ver con la historia de la arquitectura, como los puestos que venden frutas al costado de las rutas, las carpas de los circos y los refugios simples que la gente construye por sí misma con los materiales que tiene a mano”, sostuvo Radic este año en una entrevista con el periódico inglés The Guardian.

Estas declaraciones remiten a la tradición arquitectónica que encuentra en lo vernáculo una fuente de franqueza, claridad y definición olvidadas por la disciplina. Sus ideales fueron presentados paradigmáticamente por Bernard Rudofsky en 1964 en Arquitectura sin arquitectos, una detallada exposición de la riqueza cultural, artística y funcional de las construcciones “no-profesionales”, de todas las regiones del mundo. “Tenemos mucho que aprender de la arquitectura anterior a su transformación en un arte de expertos”, dice Rudofsky en el libro que acompañó a la muestra en el MoMA de Nueva York. “Los constructores sin escuela, en distintos espacios y tiempos, muestran un admirable talento para ubicar sus edificios en el entorno natural. En lugar de tratar de ‘conquistar’ la naturaleza como lo hacemos nosotros, se adaptan al clima y a los desafíos de la topografía”.

Radic dialoga activamente con ese mundo de ideas. Habitualmente, trabaja con materiales básicos como la piedra, la madera, el cobre y el barro y con procedimientos constructivos tradicionales. Incluso se muestra en una foto que acompaña muchas de sus reseñas biográficas cubierto con un austero y algo deshilachado poncho monocromático, un look con reminiscencias a los retratos fotográficos en los que Gustav Klimt aparece vestido con una larga túnica. Parece decir “mírenme: soy un chamán, soy un alquimista del siglo XXI”. Frente a lo que cabe preguntarse: ¿es posible hoy la idea de un arquitecto capaz de comunicarse directamente con los elementos naturales y de manipularlos sin mediaciones?¿Hasta dónde se han borrado las fronteras entre lo natural y lo artificial en el mundo contemporáneo?

 Smiljan Radic. Ampliación para la casa del carbonero, 2014.

En ese sentido, quizás sea más interesante aquí referir, más allá de las obras mencionadas, a otro de los proyectos de Radic que fue bastante célebre en su momento y que todavía constituye un rico disparador de debates: la Ampliación para la casa del carbonero en Culiprán, Chile, de 1997.

La “ampliación” no refiere a una extensión física del espacio, sino a la expansión de sus significados culturales: la obra expresa la valorización del linaje de los carboneros y su monumentalización austera como legado para futuras generaciones. Está compuesta por una serie de hornos de unos cuatro metros de diámetro construidos según la tradición regional, con tierra extraída del mismo terreno en el que están implantados.

A mitad de camino entre utilería escenográfica para una película de Hayao Miyazaki y objeto conceptual de land art, estas esferas humeantes constituyen un asombroso esfuerzo por gestionar las fuerzas de la naturaleza y conducirlas al quehacer humano más básico: como si fuese posible remontar la historia de la humanidad 10.000 años atrás para mantener un diálogo franco con los elementos originarios del planeta.

Una faena titánica

El crítico Hal Foster, ente otros influyentes pensadores, ha señalado en su libro de 2011 El complejo arte-arquitectura la familiaridad esencial de la arquitectura de los últimos años con muchas obras y corrientes artísticas. Así, muestra la influencia del suprematismo ruso en la trayectoria de Zaha Hadid, y del arte conceptual, de performance, feminista y de apropiación en la de Diller Scofidio + Renfro. Además, destaca la reciprocidad entre arte y arquitectura en el caso de los diseñadores influidos por el minimalismo y su particular sensibilidad hacia las superficies y las formas.

Bien podría incluirse en ese listado a la Ampliación para la casa del carbonero y al Pabellón para la Serpentine Gallery 2014, verdadera composición escultórica en la tradición de muchas piezas del arte del siglo XX –de las figuras vanguardistas de Jean Arp a las piezas conceptuales de Joseph Beuys, pasando por las obras de Robert Smithson– que han trabajado sobre los vínculos del hombre con la naturaleza y lo primitivo.

Smiljan Radic Serpentine Pavillion

Pero la cualidad monolítica de los pilares se combina en el Pabellón con la ligereza que permiten los materiales contemporáneos –la cáscara es blanca, traslúcida y hecha de fibra de vidrio, una estructura alienígena que armoniza con el mundo a su alrededor.

Si la idea de una arquitectura primigenia correspondiente a un momento de comunión entre el hombre y la naturaleza ha sido siempre problemática, el intento de establecer hoy un diálogo de iguales entre naturaleza y artificio, tarea que parece animar la obra de Radic, es sin dudas una faena titánica. La radical transformación operada por las tecnologías contemporáneas y su fricción con la tradición artística de vanguardia quizás permita, sin embargo, un replanteo de los vínculos entre ambos términos, devenidos naturaleza artificial y artificio naturalizado.

Publicado en Revista IF nro. 9, noviembre 2014.